Como si se tratara de la música y el olor, este pueblo me ha dejado apasionada la memoria. Días que suman meses he querido, aún sin fruto, destilar su recuerdo; concentrarlo como la misma realidad lo ha hecho al darle forma a sus estrechas calles y a la mixtura de casas de adobe, de cemento y hierro; al paisaje de imposible aprehensión por alguna palabra bella; las gentes, a sus peculiares lenguas y comercio de distancias. A ese puñado de casas, diferencias, pastizales y voces que está tan cerca de Lima. Quizá un poco al sur.
A Yauyos, esa provincia a la que el Ministerio de Educación define como el crisol de la diversidad peruana por hallarse en sus contornos, conviviendo, las diferentes vidas de este país, la recorren rigurosos senderos silenciosos. Allí tuve la suerte de vivir treinta y tantos días sin saber de mí; guarecido de mis obsesiones y recuerdos en el tiempo sin medida, sin tiempo. Acostumbrándome a la lentitud de los domingos.
Formé parte de una investigación. Estando allá, hice lo que pude por el acopio de datos sugerentes; hice lo que pude por tener bien abiertos los ojos y justificar tantas asombrosas historias que escuché de Jorge y Miguel, dos niños a los que les debo sendas visitas al campo y al río, y miles de colores con los que ahora, un año después, imagino y recuerdo.
Hola amigo Peruano !!!
ResponderSuprimirsabés que yo estudié como 3 años antropología, me interesa mucho
pero ahora estoy con la docencia en Música
un abrazo desde Montevideo
pd: lindo tu blog !!!!!!!!!!!!!!!!!