<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627</id><updated>2011-08-15T22:19:54.160-07:00</updated><category term='andar y ver'/><category term='sin final evidente'/><category term='crónica de un instante'/><title type='text'>Notas de andar y ver</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>5</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627.post-5116209706277043928</id><published>2009-07-23T22:53:00.000-07:00</published><updated>2009-08-02T12:12:49.752-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='crónica de un instante'/><title type='text'>Tríptico: primera parte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Smlg1E7bo9I/AAAAAAAAAHI/OLbL2vPKqks/s1600-h/M.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Smlg1E7bo9I/AAAAAAAAAHI/OLbL2vPKqks/s200/M.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361923296333636562" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;em&gt;"Cuando los habitantes de Bali preparan un cadáver para enterrarlo, se leen historias mutuamente, historias comunes de recopilaciones de sus cuentos más familiares. Leen sin parar, 24 horas al día, durante dos o tres días, y no porque necesiten distracción, sino debido al peligro de los demonios. Los demonios se apoderan de las almas durante el periodo vulnerable que sigue inmediatamente después de una muerte, pero las historias los mantienen alejados. Como las cajas chinas o los jardines laberínticos ingleses, estas historias contienen cuentos dentro de los cuentos, de tal manera que el individuo que empieza a leer uno entra al otro, pasando de una trama a otra cada vez que llega a una esquina, hasta que por último llega al centro del espacio narrativo, que corresponde al lugar que ocupa el cadáver en el patio interior de la casa. Los demonios no pueden penetrar en este espacio porque no pueden dar vuelta en las esquinas. Se golpean la cabeza inevitablemente con la maza narrativa que los lectores han levantado, y por ello la lectura ofrece una especie de fortificación que rodea al rito balinés. Crea una muralla de palabras, que funciona como la estática de las trasmisiones de radio. No divierte, ni instruye, ni cultiva ni ayuda a pasar el rato: protege a las almas mediante la trama narrativa y la cacofonía de los sonidos".&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;(Información de A. L. Becker a Robert Darnton, &lt;em&gt;The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History&lt;/em&gt;)&lt;/blockquote&gt;“¿Alguna vez has visto, o has escuchado, cómo un muerto se va del mundo?”&lt;br /&gt;-Me preguntó el tocayo de mi padre, y yo le respondí que no.&lt;br /&gt;  “Acá, no sé si te ha contado tu papá, pero acá hay tradiciones, creencias, ¿qué será, no?, en donde a un muerto se le ve; se le ve al ratito que está yéndose de vagar por su tierra. Deja su huella en el polvo; como si fuera su pie, sus zapatos, su camino, pe. Hace así –&lt;em&gt;el dedo índice de la mano derecha inicia un lento, sinuoso y breve viaje por la palma de la otra mano, puesta así como metáfora del lugar por donde el alma transita&lt;/em&gt;-. No me vas a creer, como culebrita casi. La gente le llama &lt;em&gt;Pichqay&lt;/em&gt;, que es cinco en quechua. Y allí es donde hacen lavar su ropa, hacen comida y después viene lo que te contaba: llevan al cuarto del difunto ceniza, harina de trigo o polvo y con eso cubren el piso para esperar, al día siguiente, sus huellas, esas que ha caminado para despedida, las últimas pe. Entonces llegan al día siguiente los demás y ven eso, y &lt;em&gt;¡Pichqay, Pichqay!&lt;/em&gt; diciendo, diciendo van.”     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De su boca me llegó la memoria, como una precipitada ristra de cosas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Recuerdas…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el transcurso de mi vida he visto, de algún modo, la muerte de cuatro personas: cuando era pequeño, a un primo muy cercano lo mataron. Tenía un par de años menos que yo, quizá seis, al momento de ser atropellado. Fue el único hijo del breve y tortuoso matrimonio de mis tíos. Murió en una noche, quebrando la calma y la rutina de la cena. Recuerdo que era diciembre, porque mi padre se marchaba a negociar y vender diversos objetos a las solicitantes provincias de la sierra (se marchaba con su camión lleno de alcohol, galletas dulces, caramelos que mis hermanos y yo deseábamos); era diciembre, además, porque lejanos y agónicos se oían las explosiones de los cuetes y las bombardas.      &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Un jardín, al que mi padre regaba solo de madrugada o de noche, recorría gran parte de la casa. Era un espacio confuso, de obra y tejido incontenible, donde arbustos como flores, semillas, frutos hacían -en mi imaginación y juego infantil- las veces de una beldad inefable o un oscuro terreno sediento: allí pululaban los frutos de una guayaba, cinco altos y generosos árboles (dos de palta, dos de pacay y uno de capulí) por su abundancia llamaban al hurto; los colores de numerosas flores como algunas solitarias rosas frágiles completaban la figura de ese paraíso privado.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Esa noche mi padre regaba el jardín. Adentro, el televisor llenaba de voces y músicas de novela brasileña, la sala, el comedor y la cocina; mi madre seguía el hilo de la historia mientras servía y colocaba en la mesa los platos de la cena. Su detalle en el orden o la correspondencia de los objetos era tal, que parecían interminables sus esfuerzos. Mientras la mesa se iba cargando de alimentos, los llamados a comer de parte de ella se incrementaban. En un momento me percaté que la puerta de la casa estaba abierta; nunca supe, hasta ahora, por qué la estuvo. Todo el mundo (y llamo todo el mundo a mis otros tres hermanos y a mis tíos) aún seguía quieto, hasta que mi padre ingresó sin color en el rostro, mudo; luego, enfático balbucía una dirección cercana, fácil pero imposible de aprehender; al instante, salió con el rostro dolido y húmedo. Los  gritos de mi madre y mis tíos los siguieron hasta lo que en la opaca noche de diciembre de un barrio marginal de Lima parecía ser una protuberancia, un violento despojo inverosímil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al niño, moribundo aún, lo llevaron a tropel desde mi casa en Los Olivos –quizá el peor lugar de la ciudad para buscar detener el tiempo y el rápido desfallecer- hasta el hospital Loayza del centro de Lima. En ese momento culminaron los gritos y los pasos, porque nos quedamos solos, en casa, de noche, ya sin hambre y sin sueño, yo y mis tres hermanos. Las cosas, los detalles y las palabras que se gestaron en esas largas horas silenciosas que estuve con ellos, ya las he perdido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4519740567466544627-5116209706277043928?l=js-lospasosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/5116209706277043928/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/07/triptico-primera-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/5116209706277043928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/5116209706277043928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/07/triptico-primera-parte.html' title='Tríptico: primera parte'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Smlg1E7bo9I/AAAAAAAAAHI/OLbL2vPKqks/s72-c/M.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627.post-6784626323890370798</id><published>2009-06-03T23:09:00.000-07:00</published><updated>2009-06-04T00:39:20.498-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='andar y ver'/><title type='text'>La lentitud de los domingos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Sidt5CVJIsI/AAAAAAAAAFo/koMghsse284/s1600-h/DSC02390.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Sidt5CVJIsI/AAAAAAAAAFo/koMghsse284/s200/DSC02390.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343360309543903938" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Como si se tratara de la música y el olor, este pueblo me ha dejado apasionada la memoria. Días que suman meses he querido, aún sin fruto, destilar su recuerdo; concentrarlo como la misma realidad lo ha hecho al darle forma a sus estrechas calles y a la mixtura de casas de adobe, de cemento y hierro; al paisaje de imposible aprehensión por alguna palabra bella; las gentes, a sus peculiares lenguas y comercio de distancias. A ese puñado de casas, diferencias, pastizales y voces que está tan cerca de Lima. Quizá un poco al sur.&lt;br /&gt; A Yauyos, esa provincia a la que el Ministerio de Educación define como el crisol de la diversidad peruana por hallarse en sus contornos, conviviendo, las diferentes vidas de este país, la recorren  rigurosos senderos silenciosos. Allí tuve la suerte de vivir treinta y tantos días sin saber de mí; guarecido de mis obsesiones y recuerdos en el tiempo sin medida, sin tiempo. Acostumbrándome a la lentitud de los domingos.&lt;br /&gt; Formé parte de una investigación. Estando allá, hice lo que pude por el acopio de datos sugerentes; hice lo que pude por tener bien abiertos los ojos y justificar tantas asombrosas historias que escuché de Jorge y Miguel, dos niños a los que les debo sendas visitas al campo y al río, y miles de colores con los que ahora, un año después, imagino y recuerdo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4519740567466544627-6784626323890370798?l=js-lospasosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/6784626323890370798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/06/la-lentitud-de-los-domingos.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/6784626323890370798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/6784626323890370798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/06/la-lentitud-de-los-domingos.html' title='La lentitud de los domingos'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/Sidt5CVJIsI/AAAAAAAAAFo/koMghsse284/s72-c/DSC02390.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627.post-436826705132473687</id><published>2009-05-11T14:35:00.000-07:00</published><updated>2009-05-11T14:54:25.149-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='andar y ver'/><title type='text'>Las sabrosas memorias</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SgibkxJ1c6I/AAAAAAAAAFg/lbGZQTT2kgg/s1600-h/notas.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SgibkxJ1c6I/AAAAAAAAAFg/lbGZQTT2kgg/s200/notas.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334684814592537506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Detrás de los trabajadores, en lacónica estancia, iba al recuento de los árboles caídos. &lt;br /&gt;Antes, en el que fue el patio de la casa, introducidos  y erguidos en la tierra yacían los troncos que habrían de constituir los pilares de uno de los sueños de mi padre: un restaurante y un bar.&lt;br /&gt;Salimos de la casa. Éramos 10, entre peones jóvenes y un par de hombres maduros; cruzamos la huerta ennoblecida por el olor de las hojas del cedrón, el lustre de los frutos verdes que allí se cultivan y crecen al lado de una acequia cuya oscura profundidad refleja la tiesa superficie de los cielos.  Los hombres tramaban bromas y las contaban en quechua. La risa saltaba de boca en boca, semejante al revoloteo de esos pequeños insectos alrededor de la piel y de los ojos. La huerta es grande y en su frontera -un muro hecho de piedras- crecen, por pares, numerosos hongos de color macilento así como negras y oscuras hierbas aún incognoscibles. Allende al muro de la huerta, está un camino estrecho que cruza los sembríos de maíz y comunica, metros más allá, con el bosque de eucaliptos.  &lt;br /&gt;Como si no se tratara de las 4 de la tarde, un sol tórrido de medio día rebrillaba en todas las hojas y los espacios, tan quemante y encandilado, que nos obligaba a buscar descanso en la sombra de un alto eucalipto. Si se los compara con las especies que abundan en la selva, estos no son árboles de magnífica dimensión. Son pequeños y delgados la mayoría; escasos los que han desarrollado un grueso tronco. Además, por obra la geografía de los Andes, su crecimiento correr el albur de ser un capricho: unos están derechos, otros yacen cruzados con los arbustos y las espinas forjando una sombra casi intemporal; los más vegetan en las pendientes. A todas, sin embargo, las mese el viento. &lt;br /&gt;Ya arriba, ya presente entre los árboles, me envolvió el tufo del alcanfor, y mi cabeza fue la víctima de una “híbrida” película hecha con partes de lo pretérito y del presente.  La memoria, esa máquina inversa me introdujo en una extraña situación donde tenía que improvisar la comprensión de lo que hasta ahora me resultaba extraño. Sentado, miraba el pueblo, extrañamente parecido, en esa hora de brillos, sombras y reverberaciones, a un pequeño feudo medieval, cuyas casas de adobe, pálidas y gises, eran la base para los erizados techos cubiertos de anaranjadas tejas. Esta mezcla colorea un confuso entorno de abismos, chacras, pendientes, montañas, galerías de sembríos, músicas y gentes entregadas desde antaño al pastoreo de ganado y al cultivo de tubérculos; y que ahora han añadido el metálico comercio de distancias, viajes y productos embasados. &lt;br /&gt;Los minutos acudían entre el devastador sonido de la motosierra, la madera arremolinada y desgajada, con la estruendosa caída de los troncos y el silencio viviente de estos contornos, tan continuado y acompasado como el rumor que el hombre siente cuando no oye voces semejantes a las suyas. Raudo cayó el primer árbol hacia el sur. Inicialmente se gestó un vidrioso sonido por el meneo de las hojas y las ramas; luego, escasos metros antes de precipitarse en el relieve áspero de piedras y pasto, barruntos de una explosión se concretaban como la fuerza de la pólvora y el fuego; luego, lo inefable. &lt;br /&gt;El árbol cayó muy cerca de un sembrío de maíz. Los muchachos, con piedras en las manos, se dirigieron al lugar. Sin dejar de bromear, porque el sonido de la risa es imponente, golpeaban el tronco del árbol con el fin de quitarle la corteza. Un muchacho le hablaba con quejas y burlas a otro. En ese misterioso diálogo, descubrí una metáfora: uno de los muchachos se quejaba porque el otro no golpeaba con eficiencia el tronco y le decía que “cómo el Kulluytakaq puede y es más fuerte”. Kulluytakaq es el nombre de un pajarillo que pica y penetra la corteza de los árboles, anidando en aquellos huecos. Era una la queja, pero miles las burlas de los demás.&lt;br /&gt;El árbol desgajado se presenta de un color “beige” como la crema; brilla y está húmedo. Si uno pasa los dedos por aquel líquido, un olor a vaca, a estiércol se impregna por horas entre los dedos. Solo la paciencia y el olvido consiguen redimir la náusea.    &lt;br /&gt;A las dos horas regresé a casa; caminaba justo en contra de la puesta brillante del sol, y me hería, como el detergente, los ojos. Mientras bajaba de aquel bosque, las dimensiones de las cosas nimias se acrecentaban: el camino eran dos; los cerros más de una multitud, infinidad de piedras por doquier, las casas… la lluvia, el barro, el pasto húmedo, otra acequia parida.  El tiempo en este lugar se asemeja a un juego infantil; a un juego de temperaturas, brillos y sombras, climas donde gentes y misterios conviven y, al parecer, la posibilidad de cambios es inverosímil.&lt;br /&gt;Parecía que nunca iba anochecer. Y no obstante, sendas nubes negras provenientes del este avanzaban rápidas, poderosas. Algunas personas trazaban, por la calles, un ir o un retorno y un a dónde impredecible. Cómo se incrementa el frío y pesadas se hacen las gotas. Nuevamente, la mañana, perdón, la noche, ha llegado. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4519740567466544627-436826705132473687?l=js-lospasosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/436826705132473687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/05/las-sabrosas-memorias.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/436826705132473687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/436826705132473687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/05/las-sabrosas-memorias.html' title='Las sabrosas memorias'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SgibkxJ1c6I/AAAAAAAAAFg/lbGZQTT2kgg/s72-c/notas.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627.post-7914485412298918339</id><published>2009-02-05T14:56:00.000-08:00</published><updated>2009-05-05T19:20:16.080-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sin final evidente'/><title type='text'>Placer</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYtwyqT_FYI/AAAAAAAAAB0/W-C4Brv1NDA/s1600-h/plano+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 212px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYtwyqT_FYI/AAAAAAAAAB0/W-C4Brv1NDA/s320/plano+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299453402185405826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Si Rodolfo come otra salchipapa más, de seguro que al día siguiente las nauseas, los cólicos y una diarrea lo atacarán como cada mañana lo hacen los perros y el cansancio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el primer verano de la década; Rodolfo estaba solo. Era 1990 y Rodolfo, frutero ambulante del mercado Ascopro del distrito limeño de los Olivos, había cumplido sus 42 años, hace 20 minutos, cuando el cielo empezaba a oscurecerse. Quieto, sentado al extremo de la banca, miraba cómo los carros, raudos y toscos, pasaban por la panamericana norte. Allí, en ese tropel bullicioso de metal, detenía la mirada para mezclarla con el recuerdo del cuerpo de Doris, esa imborrable y poderosa realidad que al verla, en la casa de su tío Enrique hace cuatro años atrás, sintió que era un regalo. Hasta ahora.       &lt;br /&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CCecilia%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES-PE;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Por el sol, por el calor, la mañana le parecía una infamia. ¡Claro! – pensaba él- si no fuera porque la cabeza me duele menos y dejo de pensar. Afuera se acrecentaban los sonidos: ladraban los perros; cantaban, junto al único gallo de la calle, su misterioso repetir las cuculíes; un súbito carro, mototaxi o vehículo arrastraba, raudo, las canciones más tristes que a Rodolfo lo devolvían a sus pensamientos nocturnos.&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercado de Pro no tiene traza ni artificio; corre el albur de ser una mera consecuencia de la voluntad de vivir o sobrevivir, de realizarse en medio de las eternas crisis peruanas. Así, familias, amigos o individuos del lugar, del cercano distrito u lejanas provincias han concertado, aunque sea excesiva la figura, en el negocio infinito de las necesidades&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;humanas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4519740567466544627-7914485412298918339?l=js-lospasosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/7914485412298918339/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/02/placer.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/7914485412298918339'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/7914485412298918339'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/02/placer.html' title='Placer'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYtwyqT_FYI/AAAAAAAAAB0/W-C4Brv1NDA/s72-c/plano+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4519740567466544627.post-7676023082728974804</id><published>2009-02-04T14:33:00.000-08:00</published><updated>2009-02-04T18:07:04.031-08:00</updated><title type='text'>Miércoles</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYoYG0cV81I/AAAAAAAAAAY/jwwXzshaXhk/s1600-h/IMG_32700.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYoYG0cV81I/AAAAAAAAAAY/jwwXzshaXhk/s320/IMG_32700.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299074416990614354" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5Ci411%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt; 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el frío anida entre los dedos esta noche, como una extraña alimaña en busca de abrigo. Son las 10: 52&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt; p.m&lt;/span&gt;. y han sido, nuevamente, 10 los días que ha durado este viaje a la tierra y casa de mi padre. Sin embargo, él no estuvo aquí; su estancia fue fugaz como ahora me resulta el recuerdo de los días transcurridos entre los ritmos extraños del tiempo que se forjan, sea de noche o de mañana, con las imágenes más recurrentes&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de los Andes peruanos: las montañas, voluptuosas nubes que cubren en su rumbo el este, el sur; los árboles que se &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;erigen&lt;/span&gt; sobre la verdura de los pastos, maizales, tallos de delicadas flores violetas o amarillas; piedras y aguas recorriendo causes, donde otras miles de piedras parecen florecer entre casas, huertos, corrales y niños saltando con juegos que abren el recuerdo de lo mejor que conserva la especie: esa mirada que se abisma, como un humedecido espejo, extensa, penetrante y desnuda como una luz. Más adelante están las gentes y sus lenguas que siembran ciudades y sentimientos donde anidan la risa, la burla y la pasión, la menos áspera de las verdades…&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-PE" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span  lang="ES-PE" style="font-family:georgia;"&gt;Por ello mismo me he deleitado y fortalecido con sabrosas memorias de la ciudad que dejé, inquieta por el fulgor del verano, bajo el gobierno de la desmedida y el atardecer: allá está el mar; acá la tierra.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4519740567466544627-7676023082728974804?l=js-lospasosperdidos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/feeds/7676023082728974804/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/02/miercoles.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/7676023082728974804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4519740567466544627/posts/default/7676023082728974804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://js-lospasosperdidos.blogspot.com/2009/02/miercoles.html' title='Miércoles'/><author><name>Jhon Sifuentes Pinedo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04297245371189087483</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://4.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/TSARUlND4kI/AAAAAAAAAM0/8BYGTHUQOzQ/S220/forat%2Bde%2Bla%2Bvergonya04jpg.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JjfxSvgkrnY/SYoYG0cV81I/AAAAAAAAAAY/jwwXzshaXhk/s72-c/IMG_32700.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
